Etapa 4: Alcazarén - La Santa Espina

La noche anterior charlo largo y tendido con los dos únicos peregrinos caminantes que me he encontrado en el Camino desde Madrid hasta la Santa Espina. Uno de ellos fue hospitalero voluntario en Estella durante algunos años. Nos contó varias y variopintas anécdotas que vivió en aquella época de su vida. Al entregar la llave del albergue en el bar pese a que está cerrado me dejan tomar un café. De nuevo una muy agradable charla con el paisano. El día amanece nublado lo que me permite avanzar bien. Sello en el ayuntamiento por donde pasa el río Adaja. Continuo camino hasta Puente Duero atravesando Valdestillas. Al comprar Aquarius en un bar de nuevo charla agradable con paisanos. Próxima parada Simancas, al llegar voy a la oficina de turismo donde me ponen el sello. En el castillo y archivo de Simancas hay una exposición de los moriscos trasterrados. Veo la firma de la capitulación de Boadil junto con otra cantidad de documentación muy interesante.

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Me dirijo al pueblo donde me han recomendado comer en la oficina de turimo. Se trata de La mielga en Ciguñuela. Después de comer alubias y empanadillas y tras dejar pasar el calor de mediodía continúo hacia Wamba donde una escultura al entrar al pueblo recuerda al rey godo. La subida que hay antes de llegar a Peñaflor de Hornijos es criminal, tal vez por esto lo declararía el pueblo más desagradable del Camino. Lo único bueno una fuente en la plaza del pueblo que me permite repostar. Unas escaleras al salir del pueblo confirman que no me gustó este pueblo. El camino hasta la Santa Espina trascurre por tierra firme pero con piedras y matojos lo que ralentiza la marcha. Afortunadamente las piernas no me fallan y avanzo tomando alguna foto curiosa. Pareja aliviándose. Al llegar al monasterio de la Santa Espina no puedo ver la reliquia y ni la exposición de mariposas, tendré que venir en otra ocasión. Charlo con un muchacho que está estudiando allí y me pregunta por el camino, como no podía ser de otra manera se lo recomiendo. El me recomienda el rincón del cazador, una casa rural en la que pasaré la noche y desde la que os escribo estas notas. El pueblo de La Santa Espina es pequeño, son apenas dos calles a la orilla del río.